lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Y si fuésemos tú o yo?


A nuestra retina le llegan cada vez más imágenes impactantes de personas de todas las edades removiendo los contenedores de basura en busca de algún alimento “aprovechable” para llevarse a la boca, o de gente, también de todas las edades, orígenes y clase social, haciendo cola delante de los centros parroquiales en busca de azúcar, harina, arroz, pasta, aceite y legumbres. Y ese impacto, por desgracia, se está convirtiendo cada vez más en una costumbre.

El ascensor social y económico se ha parado. Hace tiempo que se paró y parece que, en algunos casos, está cayendo en picado. El alcance tan brutal que está adquiriendo esta crisis económica hubiera sido impensable años atrás. Lamentablemente está igualando, por abajo, a personas de distinta edad, espectro social, procedencia o formación.

Hace pocos días pensaba, ¿cómo reaccionarías si un día entre esas personas encuentras una cara conocida? ¿Cuál seria tu actitud si un antiguo colega de trabajo un compañero de infancia o juventud está entre esas personas? ¿Me acercaría a ella o daría media vuelta?

Probablemente a nivel global ya hemos empezado a responder a alguna de estas preguntas. Cada vez surgen más iniciativas solidarias de apoyo y cada vez hay una mayor respuesta, tanto a nivel de las aportaciones, económicas y materiales, como del número de personas que dedican una parte de su tiempo a ayudar a los demás.

Este mes de diciembre es un claro ejemplo. Son diversas las iniciativas que tenemos ante nosotros, algunas nacieron hace años y otras son más recientes, pero todas cuentan con la voluntariedad y solidaridad de nuestra sociedad.

Hace tan sólo una semana la Fundación benéfica Banc dels aliments (Banco de los alimentos) realizó la campaña Gran Recapte (Gran Recolecta) para recaudar víveres para las personas más necesitadas. Participaron 26.000 voluntarios que, en más de 350 poblaciones, lograron que la sociedad civil catalana entregase más de 4.300.000 de kilos de alimentos básicos.

La cercanía de la Navidad parece que siempre remueve conciencias y hace que todos saquemos lo mejor de nosotros mismos, pero probablemente este año –con la agudización de la crisis y el impacto de los distintos recortes que han tambaleado profundamente nuestro estado del bienestar- requerirá de un mayor esfuerzo e implicación social.

Esfuerzo e implicación global, pero también esfuerzo e implicación en aquellas personas más cercanas, familiares y amigos que pueden estar pasando un mal trago económico o laboral. Por propia experiencia os puedo asegurar que tener cerca una mano amiga que nos eche un cable siempre ayuda a salir adelante.

Porque, me sigo preguntando, ¿qué pasaría si un día removiendo en los contenedores de la calle o en las colas de los centros parroquiales estuviéramos tú o yo?